El reciente descenso del tipo de cambio en Costa Rica abrió un debate sobre competitividad, rentabilidad y política económica. Más allá de las preocupaciones sectoriales, el Banco Central defiende que se trata de un ajuste natural del mercado ante una sobreoferta de divisas.
Este episodio cambiario permite analizar cómo interactúan los ciclos económicos, las expectativas de los sectores productivos y el funcionamiento del mercado de monedas extranjeras.
El Banco Central de Costa Rica (BCCR) considera que la caída del tipo de cambio observada entre noviembre y diciembre, cuando el dólar alcanzó su nivel más bajo en los registros oficiales, es una manifestación clara de que el mercado cambiario está operando conforme a su lógica básica de oferta y demanda. El valor de la divisa llegó a situarse en ¢488,06, un nivel que no se había registrado anteriormente y que generó tanto reacciones de inquietud en ciertos sectores como explicaciones técnicas desde la autoridad monetaria.
Desde la perspectiva del Banco Central, este comportamiento no fue inesperado ni responde a distorsiones estructurales. Por el contrario, se interpreta como el resultado de un aumento significativo en la disponibilidad de dólares, combinado con una demanda menor a la habitual para esa época del año. La analogía utilizada por el presidente del BCCR, Roger Madrigal, ilustra con claridad esta visión: cuando existe una cosecha abundante de un producto, su precio tiende a bajar. En este caso, la “cosecha” fue de dólares, lo que presionó el tipo de cambio a la baja.
Este enfoque pone el acento en la naturaleza cíclica de la economía y en la necesidad de comprender los movimientos cambiarios como parte de un proceso recurrente. La autoridad monetaria subraya que el mercado no solo reaccionó de manera previsible, sino que lo hizo dentro de los parámetros normales de funcionamiento, sin que se requirieran intervenciones extraordinarias.
La dinámica estacional del mercado cambiario
Uno de los factores clave para comprender la evolución reciente del tipo de cambio radica en su dinámica estacional, ya que el cierre del año suele venir acompañado de un incremento en la disponibilidad de dólares, favorecido por el ingreso de divisas provenientes de exportaciones, turismo, inversión extranjera y el pago de compromisos vinculados al aguinaldo, lo que en conjunto produce un flujo abundante de moneda extranjera que, al no hallar una demanda del mismo tamaño, tiende a ejercer presión a la baja sobre su cotización.
El BCCR explicó que, una vez superada la fecha límite para el pago del aguinaldo, la oferta tiende a disminuir y el mercado comienza a normalizarse. Este patrón se ha repetido en años anteriores y forma parte de los ciclos habituales del mercado cambiario costarricense. Por ello, desde la institución no se anticipa un período prolongado de desequilibrio, siempre que las condiciones macroeconómicas se mantengan similares a las del pasado reciente.
Durante el mes final del período estudiado, se movieron más de $954 millones dentro del Mercado de Monedas Extranjeras (Monex), una suma que refleja tanto la envergadura de las operaciones como la liquidez disponible en el sistema. Según el Banco Central, este volumen demuestra que el mercado dispone de mecanismos suficientes para asimilar choques temporales de oferta sin poner en riesgo su estabilidad.
Además, se señala que existen otros momentos del año en los que el tipo de cambio puede experimentar presiones adicionales a la baja. Uno de ellos es el mes de marzo, cuando el cierre fiscal y el pago del impuesto sobre la renta suelen incrementar nuevamente la oferta de dólares. Este tipo de previsiones refuerza la idea de que el comportamiento observado no es aislado, sino parte de una secuencia predecible.
Impacto en los sectores productivos y preocupaciones empresariales
A pesar de que la evaluación técnica del Banco Central respalda la fortaleza del colón, su apreciación ha despertado preocupación entre varios sectores productivos, en particular aquellos cuya actividad depende en gran medida de ingresos en dólares. Empresas dedicadas al turismo y a la exportación han señalado que un tipo de cambio reducido puede mermar su rentabilidad, limitar sus posibilidades de inversión y, en última instancia, comprometer la estabilidad del empleo.
La Cámara Nacional de Turismo expresó su preocupación por lo que describió como un efecto “asfixiante” del tipo de cambio sobre la operación y la competitividad del sector. En un entorno donde muchos costos se mantienen en colones, pero los ingresos se generan en dólares, una apreciación sostenida de la moneda local puede reducir márgenes y limitar la capacidad de las empresas para enfrentar otros desafíos, como el aumento de costos operativos o la competencia internacional.
De manera similar, la Cámara de Exportadores Costarricenses manifestó su inquietud por el riesgo de pérdida de empleos si se mantiene la tendencia de apreciación del colón. Desde esta óptica, el tipo de cambio es visto como un componente clave de la competitividad externa del país, especialmente para actividades que compiten en mercados internacionales con márgenes ajustados.
Estas posiciones reflejan una tensión recurrente en economías abiertas: mientras un tipo de cambio bajo puede beneficiar a los consumidores y a los importadores, también puede generar presiones sobre sectores orientados a la exportación. El debate se centra, entonces, en cuál debe ser el papel de la política monetaria frente a estas dinámicas y hasta qué punto corresponde intervenir para equilibrar intereses divergentes.
Relación entre la productividad y el tipo de cambio dentro de la competitividad del país
El presidente del BCCR ha recalcado que el tipo de cambio no debería asumirse como el pilar esencial de la competitividad nacional, pues concentrar la discusión únicamente en la valoración del dólar ofrece una mirada parcial de la dinámica económica. Según afirma, la competitividad depende de manera decisiva de elementos estructurales como la productividad, la innovación y la eficiencia.
En este sentido, el jerarca pone en duda si los sectores que reclaman por el tipo de cambio han adaptado sus precios, sus métodos y sus niveles de productividad a las condiciones vigentes del mercado. La competitividad sustentada solo en una moneda debilitada puede volverse inestable y poco durable a largo plazo. En cambio, elevar la productividad brinda a las empresas la capacidad de afrontar diversos escenarios cambiarios con mayor solidez.
El Banco Central subraya la necesidad de avanzar en reformas estructurales que fortalezcan la economía en su conjunto. Áreas como infraestructura, educación, seguridad y salud son mencionadas como pilares fundamentales para elevar la productividad nacional. Asimismo, se destaca la importancia de una mayor integración de las mujeres en el mercado laboral, como un factor clave para ampliar la base productiva y mejorar el desempeño económico.
Este planteamiento traslada la discusión del ámbito inmediato hacia una perspectiva de desarrollo más integral, y en vez de apostar por ajustes rápidos mediante el tipo de cambio, impulsa una agenda de transformaciones que habilite al país a competir por su fortaleza productiva y no solo por el valor de su moneda.
El rol del Monex y la participación empresarial
En el contexto de la discusión sobre el tipo de cambio, el Mercado de Monedas Extranjeras adquiere un papel relevante. Algunas organizaciones empresariales han sugerido una mayor participación de empresas exportadoras y transnacionales en este mercado, como una forma de mitigar el impacto de la apreciación del colón y mejorar la gestión de riesgos cambiarios.
El Banco Central ha manifestado su disposición a fomentar una mayor inclusión en el Monex. Según su criterio, este mercado fue creado precisamente para ofrecer un espacio seguro y transparente donde los agentes económicos puedan realizar transacciones de divisas. A lo largo de los años, se han realizado esfuerzos para ampliar la participación y facilitar el acceso, incluyendo capacitaciones dirigidas a distintos sectores.
Desde la autoridad monetaria se subraya que una participación más amplia favorece la profundidad y la eficiencia del mercado, lo que a su vez puede contribuir a amortiguar variaciones bruscas. La exhortación a que un mayor número de empresas recurra al Monex se integra en una estrategia orientada al fortalecimiento institucional y al impulso de prácticas sólidas en la gestión cambiaria.
Este planteamiento busca también reforzar la corresponsabilidad entre el sector público y el privado, promoviendo que, en vez de apoyarse únicamente en decisiones de política monetaria, las empresas aprovechen de forma más dinámica y estratégica las herramientas disponibles para gestionar su exposición al riesgo cambiario.
Proyecciones y análisis económico sobre el episodio cambiario
El reciente retroceso del tipo de cambio brinda una ocasión para reconsiderar cómo se vinculan el mercado, la política económica y las expectativas de la sociedad. Desde la perspectiva del Banco Central, este episodio ratifica que el sistema cambiario costarricense posee la fortaleza para adaptarse a fluctuaciones en la oferta y la demanda sin sacrificar estabilidad ni mermar su credibilidad.
Al mismo tiempo, las reacciones de los sectores productivos ponen de manifiesto los desafíos que enfrentan las economías abiertas en contextos de volatilidad cambiaria. La clave, según la visión oficial, no está en resistirse a los ajustes del mercado, sino en fortalecer las bases estructurales que permitan a las empresas adaptarse a distintos escenarios.
El énfasis en la productividad, la diversificación y las reformas estructurales sugiere un enfoque de largo plazo que trasciende coyunturas específicas. En este marco, el tipo de cambio deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en una variable más dentro de un conjunto amplio de factores que determinan el desempeño económico.
La caída del dólar a niveles históricamente bajos no solo es un dato relevante en términos financieros, sino también un recordatorio de cómo funcionan los ciclos económicos y de la importancia de interpretarlos con una mirada integral. Entender estos movimientos como parte de un proceso natural puede contribuir a un debate más informado y a decisiones estratégicas mejor alineadas con el desarrollo sostenible del país.